
Si. También me resulta una palabra hermosa.
Me suena a libertad y cultura. Me sabe a libros y a tertulias. Tal vez fui una.
En la Antigua Grecia, dónde las mujeres divididas en castas, respondían a la educación que Rousseau describió años después como la ideal, un grupo pudo acceder a una preparación intelectual semejante a la de los hombres, sin estar sometidas a las rutinas de las demás féminas.
Creo que los años han deformado la visión que tenemos de la palabra: hetairas o cortesanas no eran simples trabajadoras sexuales. Se trataba de mujeres libres, con un gran nivel intelectual y cultural, que participaban en las fiestas y banquetes de la aristocracia helena disfrutando de su oratoria y formaban parte de círculos intelectuales atrayendo a prominentes escritores y pensadores, entre los que se incluía a Platón. La “Diotima” de El Banquete, esa mujer sabia que le contó a Sócrates que cosa era el Amor fue una hetaira, y que otra cosa puede ser amar sino amarse a una misma pudiendo cultivarse y tener la libertad de salir de prejuicios sociales a través de la educación.
Si. Damas ilustradas que seguro odiaban los extremos y estaban en el punto intermedio preciso entre la Sofia de Rousseau y la Eugenia de Sade.
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