sábado, 9 de julio de 2011

Hetaira


Si. También me resulta una palabra hermosa.
Me suena a libertad y cultura. Me sabe a libros y a tertulias. Tal vez fui una.
En la Antigua Grecia, dónde las mujeres divididas en castas, respondían a la educación que Rousseau describió años después como la ideal, un grupo pudo acceder a una preparación intelectual semejante a la de los hombres, sin estar sometidas a las rutinas de las demás féminas.
Creo que los años han deformado la visión que tenemos de la palabra: hetairas o cortesanas no eran simples trabajadoras sexuales. Se trataba de mujeres libres, con un gran nivel intelectual y cultural, que participaban en las fiestas y banquetes de la aristocracia helena disfrutando de su oratoria y formaban parte de círculos intelectuales atrayendo a prominentes escritores y pensadores, entre los que se incluía a Platón. La “Diotima” de El Banquete, esa mujer sabia que le contó a Sócrates que cosa era el Amor fue una hetaira, y que otra cosa puede ser amar sino amarse a una misma pudiendo cultivarse y tener la libertad de salir de prejuicios sociales a través de la educación.
Si. Damas ilustradas que seguro odiaban los extremos y estaban en el punto intermedio preciso entre la Sofia de Rousseau y la Eugenia de Sade.

lunes, 28 de febrero de 2011

Lunes


La memoria colectiva me hace odiarte. A nadie le gustas, asúmelo: Eres un día antipático y pesado.
Desde los domingos en la tarde empiezo a sentir la desazón que me produce tu cercanía, nunca estoy en forma, siempre te recibo con sueño, siempre con un ánimo color gris que trato de pintar de amarillo con una fuerte dosis de adicción por el trabajo, pero sólo logro colocar una capa de pintura barata que queda peor que tu desteñido color nublado.
A veces me pregunto si todos los lunes son así o si hoy (y ese hoy equivale a muchos lunes) es más intenso. No lo sé. Hoy es gris plomo. No alcanzo la velocidad de crucero, me pesa el cuerpo, me siento lenta, y me encanta tener culpables: todo es porque hoy es lunes y punto y se acabó.
Mañana será martes y no tendré motivos ni razones para sentir desazón. Sólo los lunes me puedo deprimir.
Finalmente: gracias a Dios que existes lunes, me gusta pensar que sólo existe la casualidad de un día y no tener más tiempo para sentirme gris, sólo las 24 horas que me permite tu visita.

domingo, 13 de febrero de 2011

¿Soy un cronopio, un fama o seré esperanza?

Ayer, con ocasión del aniversario luctuoso de Cortázar terminé leyendo Historias de Cronopios, Famas y Esperanzas, esa extraña taxonomía en que Cortázar (llamado el gran Cronopio) dividió a las almas sobre la tierra.
Y así, en forma automática me puse a pensar en que parte de clasificación podría encuadrar mejor: permanentemente trato de saber a que molde me adapto. Puedo decir que soy Leo, que de acuerdo a Jung comulgo con los extrovertidos, que soy intuitiva y que calzo 37. Cualquier test psicologico me seduce por igual, tal parece que necesito permanentemente retar a quienes tratan de encasillar a los humanos en tipologias para ver si finalmente fallan o si concluyo que si, que en ese grupo estoy yo.
Luego me deprime pensar que tantas individualides tengan un mismo patrón. ¿Es que finalmente soy mas comun de lo que mi ego quisiera? Si. Es definitivo, los seres humanos tenemos infinidad de sutiles diferencias pero tambien infinidad de puntos de encuentro dentro de los grupos de los que formamos parte.
Y entonces, en la tipologia de Cortázar, ¿que soy? Decía el gran Julio que los famas son estructurados y serios, formales, gerentes de bancos, pero un tanto amargados. Los cronopios distraídos, poetas, siempre un poco al margen y, finalmente, las esperanzas, un tanto bobas y dependientes de las interacciones de famas y cronopios. Pues es obvio que quisiera ser cronopio, pero ¡aunque soy humeda no soy verde!