
La memoria colectiva me hace odiarte. A nadie le gustas, asúmelo: Eres un día antipático y pesado.
Desde los domingos en la tarde empiezo a sentir la desazón que me produce tu cercanía, nunca estoy en forma, siempre te recibo con sueño, siempre con un ánimo color gris que trato de pintar de amarillo con una fuerte dosis de adicción por el trabajo, pero sólo logro colocar una capa de pintura barata que queda peor que tu desteñido color nublado.
A veces me pregunto si todos los lunes son así o si hoy (y ese hoy equivale a muchos lunes) es más intenso. No lo sé. Hoy es gris plomo. No alcanzo la velocidad de crucero, me pesa el cuerpo, me siento lenta, y me encanta tener culpables: todo es porque hoy es lunes y punto y se acabó.
Mañana será martes y no tendré motivos ni razones para sentir desazón. Sólo los lunes me puedo deprimir.
Finalmente: gracias a Dios que existes lunes, me gusta pensar que sólo existe la casualidad de un día y no tener más tiempo para sentirme gris, sólo las 24 horas que me permite tu visita.
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